jueves, 18 de octubre de 2012

Cuento.

Hoy pensó en sentarse a escribir, escribió versos de amor no correspondido pero algo paso y no le vio sentido. Entonces decidió escribir versos de desamor, sin embargo en su corazón no había resentimientos para sacar. 

Después de varios tachones, comenzó otra vez. Dos párrafos sin sentido, no le gustaba lo que veía; arrugo la hoja y saco una nueva. Ahora sí, comienzo una historia; historia de amor, con trazos poco firmes sobre la hoja en blanco fue desenvolviendo la trama hasta que de pronto la pluma se queda sin tinta a media historia -¡Demonios, debo terminar! exclamó y a la vez intentó forzar el final, final que nunca hubo porque la pluma ya sin tinta rompió la hoja. 

Ya cansado de tantos intentos fallidos dejó tanto la pluma como el papel en el olvido. -Que más da, si al final nunca termina como quiero. Se dijo. Y se alejó, se perdió de lo que alguna vez fue suyo, la frustración pudo más. La decepción aumento cuando otro escritor tomo la hoja rota y re escribió su historia. La furia lo consumió y a la vez asesino los intentos de comenzar otra historia nueva. 

Ya sin motivación para seguir, en la fiesta encontró su nueva forma de vivir; el jolgorio y la despreocupación llenaron el vacío de su obra incompleta. Hasta que las vueltas de la vida, en una de esas noches que te atrapa la melancolía, con lápiz y sin motivo, escribió de nuevo. Aunque esa noche fueron palabras sin sentido sirvieron para ver que no todo estaba perdido. 

Y comenzó de nuevo, intentando escribir la obra de su vida. Intentando que los errores no se repitan, intentando plasmar con trazos más firmes lo que puede ser una historia sin final.

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