jueves, 20 de octubre de 2011

Camino por la ciudad.

 

Perdido en la multitud, la cuidad me consume, no quiero ser uno más dentro de este abismo de cotidianidad; veo la prisa que se nota en las caras de las personas que corren contra el tiempo, luchando por alcanzar algo que tal vez no tengan; veo a las persona con la mirada, muchas veces, fija sobre las ventajas de los locales buscando como satisfacer la necesidad de ser más que el otro; veo la inseguridad de la gente, el temor a que su paz sea violada.

Esos temores se impregnan en mí, como el humo de los carros me ensucian, me corroen y me debilitan solo que estos lo hacen por dentro, donde es más difícil reponerse, donde por más que uno se limpie siempre quedan manchas y donde me hacen uno más de los miles que transitan en esta ciudad.

Caminar por estas calles es un martirio, la miseria, el materialismo, el egoísmo, la lucha constante se refleja en cada mirada, en cada cara acongojada, en los gestos de frustración, en esa persona que te empuja para llegar más rápido que vos, en cada madre que pelea con su hijo y lo arrastra porque él no se mueve, porque él se distrae, porque él quiere disfrutar el momento.

Sigo mi camino, queriendo evitar hundirme en este mundo vano, de falsas expectativas, de fachadas reconstruidas. Cuesta mucho ver una sonrisa entre las caras largas, cuesta mucho apreciar la belleza entre tanta frustración, cuesta mucho encontrar la originalidad entre tantas fachadas reconstruidas.

Cuando me estoy dando por vencido, veo la sonrisa de un niño mientras juega sin importar lo que pasa, sin importar el tiempo –total él no lo conoce y no le importa- lo veo sonreír con tan poco, un balón de papel, una caja de cartón, una simple paloma hacen que él sonría, hacen que él se divierta y me pregunto si puedo volver a esos tiempos donde todo y nada era importante, donde el tiempo valía solo para disfrutarlo con los amigos, donde podía con poco sonreír, donde era feliz.

Continuo, ya no con la cara larga de los demás, ya no estoy preocupado por el que va a pasar, ni por el que dirán; continuo por la ciudad indiferente al tiempo, indiferente al miedo que las personas reflejan. Continuo y ahora si puedo ver la belleza, aunque retocada, pero belleza al fin. Continuo y llega el momento en que me encuentro con vos y me convierto en el niño al que no le importa el tiempo, el que no tiene miedo, el que solo disfruta del momento; te veo y la suciedad de los malos pensamientos que ensucio mi alma desaparece.

1 comentario:

  1. cool loco esta parte mop =): me pregunto si puedo volver a esos tiempos donde todo y nada era importante, donde el tiempo valía solo para disfrutarlo con los amigos, donde podía con poco sonreír, donde era feliz.

    Bendiciones

    ResponderEliminar