Al día siguiente se despertó sin saber donde estaba, la cabeza le daba vueltas, la fiesta de la noche anterior lo dejo seriamente afectado, se incorporo y trato de ubicarse, sin embargo el ambiente de ese cuarto le era realmente desconocido. Al lado la cama se encontraba una mujer, su hermosura era irreal; aproximadamente 1.70m, delgada (pero no en exceso), pelo largo castaño y lacio, piel bronceada pero suave como la de un bebe. Al verla exclamó: –Oh cielos, ¿que hice? Será que tuvimos algo anoche. Maldito dolor de cabeza, no puedo recordar que hice, no puede ser que haya hecho esto.
Él era Luis, un hombre de 22, solitario y extremadamente tímido, en especial con las mujeres. Cobarde en lo referente a las relaciones debido a que era un amante de su soledad, la cual disfrutaba siempre que sus estudios le daban tiempo, aunque últimamente no tanto debido a que estaba a punto de graduarse, lo cual lo había consumido al punto que la salida de la noche anterior fue la primera en los últimos 12 meses.
Mientras estaba en la cama tratando de recordar lo que había hecho aquella noche, escucho una voz, era ella que se estaba despertando:
-¡Hola!, ¿Como estas?, ¿Dormiste bien?
Su voz era hermosa, más de lo que creía. Ella era Mónica, una joven alegre y entusiasta de 20 años, romántica y extrovertida. A diferencia de Luis, que prefería estar solo, ella era independiente pero siempre dispuesta a encontrar alguien con quien compartir su día a día. Esta comenzando sus estudios en la misma universidad que Luis y esa noche lo había conocido en La Ratonera, bar de moda entre los estudiantes de la Universidad del Norte.
-Eh, eh, sí claro. Respondió Luis entre asustado y aturdido por tremenda resaca. –Disculpa, pero ¿Que hicimos anoche? Se que puede resultar un poco ofensivo, pero no recuerdo nada.
Si algo caracterizaba a Luis era la forma tan directa y sin tapujos con la que hablaba, lo cual ese misma noche le costo su primer y única relación.-¿No recuerdas nada?, pregunto Mónica.
-La verdad, no.
-De veras que tomaste demasiado, aunque no parecías estar muy ebrio. -No te preocupes, anoche no hicimos lo que imaginas. Después del partido te embriagaste de una forma y decidí traerte a mi apartamento.
-¡Oh por dios!, que vergüenza con voz… eh… eh, ¿Cuál es tu nombre?
-Mónica, mucho gusto.
-Fuiste muy gentil al traerme a tu apartamento, Mónica. De veras que no era necesario que lo hicieras, yo me la hubiera ingeniado para llegar a casa.
-Estas loco de verdad, tu estado anoche era triste, ni siquiera te movías. Déjame vestirme y luego preparo algo para el desayuno.
-No tienes que molestarte, ya hiciste mucho por mi, mejor me marcho.
-No es ninguna molestia, espérame en la cocina.
Después de unos minutos, Mónica salió del cuarto pero Luis ya no estaba, en la cocina había un papel que decía: “Gracias por todo :) Espero no volver a causarte molestias”.
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